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Periodismo para la gente

Respeto por la naturaleza

Respeto por la naturaleza

La noche de este sábado me quedé en casa a mirar la televisión. Vi el Parque Jurásico.
Pero más allá de la tecnología con la que nos atrapa, queda para mí un mensaje que no había sido capaz de captarlo la primera vez en que ví esta película: respeto por la naturaleza.

La naturaleza es el reloj y la brújula del mundo en que vivimos. De eso me di cuenta, luego de haber hablado con mi amiga Silvia Girón.

Silvia me dijo que frente a la naturaleza, las personas no somos nada, excepto que parte de ella. Y por lo tanto, nos toca respetarla...

Silencio

Silencio

¿Por qué, a veces, callamos un dolor?
· Por miedo.
· Porque no nos gusta construir la vida sobre el dolor y la muerte.
· Porque casi nunca sabemos a qué sabe la JUSTICIA.
· Porque el enorme peso autoritario del poder, vestido éste de corrupción y conciencias vendidas, nos hace agachar la cabeza...
· Por el temor de caer también muerto.
· Nace así, el silencio resignado frente a ese miedo.
· Un silencio bien guardado como para que nuestros hijos no lo vivan nunca. Error...
· Callar una injusticia no significa desaparecerla de nuestras vidas.
· Callar una injusticia es lo mismo que estar de acuerdo con ella.
· Pero, ¡cuidado!, que nos excluyan al derecho de la protesta no debe terminar en el otro extremo: pensar en la venganza; tomar las armas; creer que con ellas solucionaremos los problemas.
· Tampoco ésa es la solución.
· Hay que hablar del dolor, hay que hablar de cómo las injusticias podrían afectarnos a todos; hay que hacerlo, pero con el deseo feliz de que no nos vuelva a suceder.
· Así podremos también derrotar al Silencio...

Desconcierto

Desconcierto

¿Por qué cada que debo escribir una nota de prensa ya no pienso como periodista? Me aburre la cadena triste de muletillas con que unen un párrafo con otro...

Y lo que es peor, muchas veces caigo en ese error...

 

Foto crédito: Máquina de escribir, obra de Jules White.
Tomado de: http://donalvar.blogspot.com

Nancy, la cholita cajera que venció la discriminación

Nancy, la cholita cajera que venció la discriminación

Han pasado tres años y todavía no puede creerlo. Nancy Romero es la primera mujer de pollera que atiende al público al frente de una de las cajas del fondo financiero privado (FFP) Prodem, y desde que se animó a estudiar y aceptar el desafío, ha vencido la discriminación que todavía persiste en la sociedad boliviana.

Corría el año 2005 cuando empezó a trabajar como mensajera en una de las agencias de esta institución financiera en la población de Batallas, al oeste del departamento de La Paz.

Al año siguiente llegó a otra sucursal, en Chulumani, con la misma responsabilidad, hasta que seis meses más tarde sus jefes le dijeron que había llegado el momento de cambiar.

Tenía que hacerse cargo de una de las cajas y atender al público. Su facilidad de hablar aymara y español le abrió las puertas para ascender de cargo.

La joven, en su calidad de intérprete, había ayudado a las personas de su comunidad que no hablan español a comprender el mundo financiero.

Y un año más tarde llegó el cambio definitivo: una de las cajas de la agencia Prodem de la avenida Camacho la esperaba.

Así ingresó con más fuerza en el trabajo diario de la agencia, justo en el corazón financiero de La Paz. Al principio, un mundo extraño para ella, pues mientras empezaba a expresarse con más soltura en castellano, debía al mismo tiempo lidiar con la atención de los giros bancarios, los créditos, las cajas de ahorro, los depósitos a plazo fijo, el pago de impuestos, los cambios de moneda, los servicios de cobranza, la emisión de las boletas de garantía y el carácter de la gente.

Tuvo la suerte de contar con el apoyo de sus compañeros de trabajo y la confianza de sus jefes.

Su sencillez y valentía congénitas le ayudaron, en muchos casos, a comprender en silencio por qué a veces la gente es torpe y egoísta.

Lo supo con mucha amargura el día en que se equivocó al registrar un depósito de 700 bolivianos. Lo convirtió, sin darse cuenta, en 700 dólares. Aquella mañana gris, sintió que su mundo se rompía en mil pedazos.

Sus lágrimas no fueron suficientes para reponerse de la pena. Inútil también tratar de convencer al cliente de que admitiera el error, por el que hasta el día de hoy paga de su sueldo.

Así, la primera pelea que Nancy Romero tuvo que ganarle a la vida fue convencerse de que es capaz de mirar adelante, aun cuando se haya sentido derrotada. No fue fácil, desde luego.

Estudió “de ocultas”

Nancy Romero nació hace 22 años en Anko Amaya, un pueblito que se encuentra cerca del lago Titicaca. El nombre de esta comunidad quiere decir en aymara “Alma blanca”, y pretende explicar la muerte de algunos sacerdotes que habían ido allá a evangelizar hace mucho tiempo.

“A los muertos en mi pueblo les decimos amaya”, dice.

Su padre, don Andrés Humérez, agricultor hasta el último de sus días, se fue de este mundo con la idea de que la joven Nancy no era su hija. Por esa razón, ella no pudo estudiar a la edad en que le correspondía.

Si salió adelante fue gracias al sacrifico de su madre, la señora Paola Romero, quien hasta de ocultas le regalaba dinero para los estudios.

“Sabía escoger las papas más grandes de la chacra de mi mamá y las vendía en el mercado. Con esa plata he estudiado computación”, recuerda.

Luego de salir bachiller, aprendió dactilografía. Ahora, al salir del trabajo, estudia contabilidad.

Gracias a la colaboración de sus compañeros se interioriza aún más en el mundo de las finanzas. Se ha comprado también algunos libros de lenguaje para aprender ortografía y redacción.

Quiere ser auditora. Y no descarta, con el paso del tiempo, conseguir la licenciatura en otra carrera más.

“Todo se lo debo a mi madre”, dice. Y, como buena hija, Nancy Romero siente la inequívoca misión de devolverle todas las atenciones de las que ha sido objeto en los últimos 22 años.

La joven tiene siete hermanos; tres varones y cuatro mujeres. Se siente feliz de contar todavía con su madre, con quien sólo habla en aymara. “Todos los fines de semana estoy con mi madre y mis hermanos”.

Pero ahora ha recibido la noticia de que va a regresar a la agencia Prodem de Achacachi. Eso la hace más feliz, porque sabe que estará más cerca de su familia.

Y se acaba de enterar también de que no es la única mujer de pollera al frente de una caja registradora: la señora Virginia Quispe atiende al público en Batallas.

“Espero que más mujeres puedan conseguir trabajos de esta clase. Hay que aprovechar todas las oportunidades que la vida nos da. Pero cuesta mucho que te tomen en cuenta. Es que todavía la gente discrimina. Y eso, a veces, duele”.

“Nancy es muy capaz”

Para el gerente de Marketing de Prodem, Carlos Chumacero, “Nancy Romero ha demostrado ser una persona muy capaz y por eso se le dio la oportunidad de crecer con nosotros”.

El ejecutivo dice que Prodem, como cualquier otra institución, apuesta por la capacidad de las personas. De las 150 oficinas que la entidad tiene en el país, el 60 por ciento se encuentra en el área rural.

Nancy Romero y su compañera de trabajo Virginia Quispe son el vivo ejemplo de que las mujeres de pollera pueden también aportar al desarrollo y crecimiento de la sociedad boliviana.

Publicado en: http://www.laprensa.com.bo/sabatino/21-06-08/21_06_08_edicion1.php

Pensamientos al aire

Pensamientos al aire

        Al oficio:

  • Siento que el periodismo se hace más humano cada que encuentro en alguna nota de prensa lo que la gente en verdad piensa.

       Sobre la palabra VIDA:

  • Esta palabra nos hace comunes a seres humanos, animales y plantas. Resume lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos. Nos hace simples ante Dios y nos compromete a seguir su ejemplo; lo cual, no nos da ningún derecho a arrebatar la de cualquiera. Ojala seamos siempre capaces de dar más vida.

       ¿Creer o no creer?: 

  • La única verdad que una mentira te puede enseñar es que no vuelvas a creerla...

       Para tomarlo en cuenta:

  • La inspiración, en el artista, no es un regalo de los Dioses; es un estado de ánimo...

       Sobre arte:

  • El artista en el crítico deja su experiencia; en el público, su esperanza.

       Al pueblo:

  • Aún puedo sentir los ecos de amor que en ti viven...

       ¿Charlamos?:

  • - Diálogo: Intercambio pacífico, libre y voluntario de ideas, por lo general, opuestas...
    - Si no hay diálogo, desparece la capacidad de comprendernos.
    - Comprender no es
    aceptar
    ; significa «respetar»...

Crédito, foto: http://pazcualdelsigloxxi.blogspot.com

Una matanza de mineros en busca de respuestas

Una matanza de mineros en busca de respuestas

La matanza de mineros en la población de Siglo XX, ocurrida en 1967 en plena fiesta de San Juan, es un capítulo pendiente de la historia de Bolivia. Conscientes de ese problema, el historiador Eduardo García Cárdenas, el diputado nacional José Pimentel Castillo y el periodista Carlos Soria Galvarro Terán presentaron este jueves 15 de mayo el libro 1967: San Juan a sangre y a fuego, en la Vicepresidencia de la República, a horas 19.00.

Esta investigación, que se divide en tres capítulos, intenta acercarse a las razones que impulsaron la matanza; intenta explicar sus orígenes y comprender sus consecuencias. Tarea nada fácil si tomamos en cuenta de que existe muy poca documentación sobre este hecho.

Pese a ese problema, los autores de este libro –que consta de 235 páginas– fueron seducidos por la feliz idea de arrancarle a la memoria importantes trozos de historia con los que pudieron reconstruir aquellos acontecimientos ocurridos la noche de San Juan de hace ya más de cuarenta años.

Bolivia vivía en 1967 el gobierno del general René Barrientos Ortuño, de 48 años, dueño de un carisma único que lo había convertido en líder privilegiado de gran parte de los campesinos del país. Con ellos había firmado el pacto militar-campesino cuya misión política consistía en controlar la producción agrícola y el respaldo a los gobiernos de las Fuerzas Armadas.

 

No todos estaban con Barrientos

Barrientos había ganado las elecciones nacionales un año antes con más del 60 por ciento en comicios de dudosa legitimidad. Pero no todos estaban con él. El sector minero, por ejemplo, tenía diferencias encontradas con el Presidente. No gozaba de la aprobación minera por haber sido Vicepresidente del tercer gobierno de Víctor Paz Estenssoro, en 1964; a quien terminó por darle un golpe de Estado, antes de cumplidos los tres meses de gestión.

Para la masa trabajadora de las minas, Barrientos no representaba la confianza de llevar adelante el proceso de la revolución nacional de 1952: la nacionalización de las minas, la reforma agraria y la reforma educativa.

Barrientos, que deseaba poner en marcha su plan restaurador de la República, no tomó en cuenta las demandas de la Central Obrera Boliviana. Y su respuesta fue detener a su máximo líder, Juan Lechín, y mandarlo al exilio.

 

Adiós a los sindicatos

De inmediato promulgó un Decreto Ley en el que “declaró fenecidas las funciones de los dirigentes sindicales; se dispuso un plazo de 40 días para permitir la reorganización de los sindicatos; se prohibió el ejercicio de la dirección sindical a militantes activos de los partidos políticos”. Los mineros sin sindicato viven a la orilla del desamparo.

Al año siguiente, junto a su co-gobernante, el militar Alfredo Ovando Candia, “dispuso la rebaja general de salarios, descongelamiento de los artículos de pulpería, congelamiento de sueldos por un año, prohibición de huelgas y desconocimiento de direcciones sindicales”.

Así crecieron más los ánimos en contra de Barrientos. José Pimentel, autor del segundo capítulo de este libro, dice que “en los hechos se imponía una dictadura”.

Desde principios del mes de junio de 1967, la región oeste del país se vio asolada por los enfrentamientos entre mineros y militares. Al sudeste, la guerrilla del Che Guevara le producía otro fuerte dolor de cabeza al gobierno de Barrientos Ortuño. Soria Galvarro sostiene que la acción contra los mineros que pasó as llamarse Masacre de San Juan fue precisamente una acción preventiva para impedir la convergencia entre mineros y guerrilleros.

 

Contra el Mariscal de Tarata

El movimiento minero, que en aquella época constituía el más organizado y radical, puso fuerte resistencia. Y de la noche a la mañana, los centros mineros (ubicados en la región oeste del país) se vieron llenos de militares.

El centro minero de Siglo XX fue uno de ellos. En éste y en otros se desconoció al Presidente llamándole “Mariscal de Tarata” (población cochabambina donde nació Barrientos) y se levantaron vivas por la lucha obrera y por la reposición de los salarios, y a favor de las guerrillas hasta que la madrugada del 23 de junio, fiesta de San Juan, los militares abrieron fuego en contra de los mineros en un operativo sorpresa.

 

Un documento importante

Este libro nos cuenta que los mineros murieron por culpa de una demanda tan simple como complicada: recuperar sus salarios y no perder sus derechos sindicales, conquistados con la revolución de 1952. Su presunto apoyo a las guerrillas del Che era aún difuso y sirvió de pretexto para desencadenar la masacre.

Se trata, pues, de un documento interesante que nos puede ayudar a comprender, de mejor manera, más detalles sobre este hecho que aún deja huellas en la sociedad boliviana.

Este libro (aunque no lo digan sus autores) está dedicado a las nuevas generaciones que todavía viven al margen de esos aspectos históricos. Todo por un simple propósito: que no desaparezca de la memoria colectiva un hecho que aún merece muchas y más respuestas que las que ahora se presentan en este libro.

Bolivia en los primeros siete años de este siglo

Bolivia en los primeros siete años de este siglo

Democracia de alta tensión, el nuevo libro del sociólogo y comunicador César Rojas, lleva un mensaje explícito para las nuevas generaciones: “Hagamos hoy del mundo en el que vivimos algo mejor del que nos dejaron”.

No en vano la Bienvenida que su libro nos da comienza con una cita del desaparecido y excelente periodista polaco Ryszard Kapuściński: “Temo un mundo sin valores, sin sensibilidad, sin reflexión. Un mundo en que todo es posible. Porque entonces lo que se convierte en lo más posible es el mal”.

Pocos libros como éste, que se han dado a la tarea de analizar los enredados caminos de la vida política y social de este país, han sido escritos sobre la base de esa preocupación con cierto gusto por el manejo del lenguaje.

Y no es para menos. Al ritmo social que Bolivia camina, cuya brújula está guiada por las manecillas del reloj político, todo paso, todo error o todo acierto que de ahora en adelante se emprenda vive en permanente estado de vigilia.

Hace siete años que este país empezó a escribir su historia de otra manera. Y César Rojas ha sabido interpretar en su libro con sumo cuidado los significados de cada conflicto social.

Así irrumpieron en escena, por ejemplo, aquellas voces apagadas desde el día en que nació Bolivia: indígenas y campesinos le dijeron al país: “nosotros también vivimos aquí; tómennos en cuenta…”.

Pero sus voces no fueron escuchadas por quienes administraban el poder. Para muestra basta un botón: Jeremy Rosner, el estratega de la campaña política del ex presidente  Gonzalo Sánchez de Lozada, dijo en el programa “Our brand is crisis”, transmitido por la cadena televisiva HBO: En América Latina no existe la tradición de escuchar al pueblo. Especialmente en poblaciones indígenas y pobres. No les importa preguntarse lo que piensan.

Rojas, tal vez guiado por esa consigna, al dedicar este libro a Sergio, su amado hijo, levanta la luz de su preocupación con el deseo de contribuir a dejarle un mejor país que el que encontró.

“Espero que tú, junto a las nuevas generaciones que están distraídas con el biberón, los pañales y la leche, lo iluminen con nuevas y mejores luces. Siempre, hijo, apuesta a humanizar la sociedad, nunca a empeorarla; porque si queremos que un bien sea pagado con otro bien, primero tenemos que hacerlo”, dijo Rojas hace en la presentación de este libro.

 

Título del libro: Democracia de alta tensión. Conflictividad y cambio social en la Bolivia del siglo XXI.

Autor: César Rojas Ríos.

Hay muy poco porqué celebrar

Hay muy poco porqué celebrar

Este 10 de mayo, día del periodista boliviano, hubo muy poco porqué celebrar. De hecho, hay mucho porqué preocuparse. Por ese motivo, las asociaciones colegiadas y sindicales de periodistas del país han exigido al gobierno de Evo Morales garantías para ejercer el oficio.

 

El periódico La Razón, de La Paz-Bolivia, ha publicado hace pocos días que desde el año pasado se han registrado 48 casos de agresiones físicas a periodistas mientras éstos ejercían su oficio.

Una cifra que alarma, teniendo en cuenta de que Bolivia no reporta –a diferencia de Colombia o de México, por ejemplo– varios ataques a la prensa en tan poco tiempo.

Bolivia, debido a la situación política en que vivía, no reportaba en años pasados tantos ataques a la prensa porque en el país no impera la violencia interna, el enfrentamiento entre grupos armados o el virtual ataque de narcotraficantes a la policía (y por consiguiente a la sociedad civil) en plenas urbes.

Bolivia, desde que recuperó su democracia (10 de octubre de 1982), empezó a vivir en una relativa tranquilidad. Y los ataques contra la integridad a los periodistas han sido muy escasos.

El periodismo boliviano ha sufrido otra clase de ataques: las amenazas de despido, la injerencia a la orientación del enfoque noticioso por parte de intereses políticos y económicos que han provocado la renuncia o el despido de periodistas de algunos medios.

El periodismo boliviano se ha hecho eco de la concentración mediática; una asociación de medios bajo un solo nombre comercial, cuya labor no ha fortalecido al acceso democrático a la información que tienen los ciudadanos del país.

El periodismo boliviano ha aprendido también con el paso de los años a convertir a la noticia en mercancía. Ésas y otras faltas a la ética han sido materia de innumerables reuniones de grupos colegiados, sindicatos y federaciones de periodistas para analizar y autoregularse. (Tarea pendiente aún).

Con el nuevo gobierno, la situación del periodismo boliviano ha cambiado. El lenguaje político que en Bolivia se respira se llama “CAMBIO”. Un cambio del viejo Estado neoliberal que no fue capaz de solucionar los infinitos problemas que el país tiene: desempleo, corrupción y pobreza, entre ellos.

Las medidas del nuevo gobierno, a cuya cabeza se encuentra el presidente Evo Morales, han creado una serie de problemas internos en el país que ha polarizado a la población al grado de que unos quieren levantar los palos de la violencia en contra de los otros.

Y el trabajo de algunos medios (guiados por intereses políticos o económicos) ha facilitado el camino para que sus propios periodistas sean objeto de agresión física.

Hay quienes, por defender el proceso de cambio que pretende llevar adelante el presidente Evo Morales, se toman en serio el papel de guardianes de dicho proceso y no toleran la crítica ni de la oposición política ni de los medios.

En marzo de este año, Carlos Quispe,1 periodista de la radio municipal de Pucarani. murió en un hospital convaleciente de la brutal golpiza que recibió por parte de miembros del Comité de Vigilancia de esa población, en rechazo a su trabajo.

El politólogo César Rojas Ríos le dijo hace un par de años a la revista Inmediaciones.com que se ha visto el surgimiento de un nuevo fenómeno en el país: la poca tolerancia de la gente hacia los medios. La gente quiere oír su voz en los medios. Quiere que su voz sea la única que viva en toda la noticia.

Esa intolerancia la vive el país desde el 17 de octubre de 2003. Aquel viernes, Gonzalo Sánchez de Lozada, renunciaba a la presidencia de Bolivia, luego de haber vivido una crisis feroz en rechazo a su política por parte de los ciudadanos de La Paz y El Alto que exigían, entre otras demandas, la instalación inmediata de una Asamblea Constituyente y la no venta de gas a Estados Unidos y México por puertos Chilenos.2

Frente a estos problemas, las asociaciones colegiadas y organizaciones sindicales de periodistas del país han exigido al gobierno de Evo Morales garantías para ejercer el oficio. Por esa razón, muchos colegas coinciden que hoy, 10 de mayo, día del periodista boliviano, hay muy poco que celebrar. De hecho, hay mucho porqué preocuparse.

Mientras subsista la intolerancia a la crítica, el oficio permanece en peligro. Mientras los propios periodistas no se autorregulen de una vez por todas, tendremos un mal periodismo, al que le gusta encender la mecha de la discordia.

Mientras las nuevas generaciones de periodistas no tomen en cuenta que su formación académica necesita de una urgente dosis de humanismo, los valores y el respeto hacia las personas quedarán en la más profunda ignorancia. Y nuestros hijos crecerán bajo la sombra de la violencia.

 

 



2 Bolivia perdió su acceso al mar en una guerra que sostuvo con Chile en 1879. Desde aquella vez, ambos países no tienen relaciones diplomáticas, pero sí cierta amistad que les permite acuerdos económicos.